Catequesis Juvenil Confirmación

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Tema 001

DONES Y FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

¿Cuántos y cuáles son los Dones del Espíritu Santo?

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que, al hablar de “dones” se refiere a aquellos “regalos” que nos da el Espíritu Santo para ayudarnos a vivir en gracia de Dios.

La vida del cristiano es una existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él, el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone a la voluntad de Dios.

Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete Dones, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu.

  1. Sabiduría:

Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones. Sabiduría es ver sabiamente las cosas, no sólo con la inteligencia sino también con el corazón, tratando de ver las cosas como Dios las ve y comunicándolas de tal manera que los demás perciban que Dios actúa en nosotros: en lo que pensamos, decimos y hacemos.

  1. Inteligencia o Entendimiento:

Con este Don nos permite conocer y comprender las cosas de Dios, la manera cómo actúa Jesucristo, descubrir inteligentemente, sobre todo en el Evangelio, que su manera de ser y actuar es diferente al modo de ser de la sociedad actual. El Don de la Inteligencia nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe; es una luz especial que puede llegar a todas las personas y muchas veces tiene sus frutos en los niños y en la gente más sencilla.

  1. Consejo:

 Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás. Nos ayuda a discernir y decidir a la luz de la voluntad de Dios. El Don de Consejo nos ayuda a enfrentar mejor los momentos duros y difíciles de la vida, al mismo tiempo que nos da la capacidad de aconsejar, inspirados en el Espíritu Santo, a quienes nos piden ayuda, a quienes necesitan palabras de aliento y vida.

  1. Fortaleza:

 Este  Don concede al fiel ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural que nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontraremos en nuestro caminar hacia Dios. El ejemplo de Jesucristo, su pasión y su muerte, debe ser para nosotros un auténtico testimonio de fortaleza que nos ha de llevar a superar nuestra debilidad humana.

  1. Ciencia:

 Es el Don del Espíritu Santo que nos permite acceder al conocimiento, a descubrir la presencia de Dios en el mundo, en la vida, en la naturaleza, en el día, en la noche, en el mar, en la montaña. El Don de Ciencia nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado, en la medida en que nos lleve a Él.

  1. Piedad:

 El corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el Don de la Piedad, que el Espíritu Santo derrama en nuestras almas, permitiéndonos acercarnos confiadamente a Dios, hablarle con sencillez, abrir nuestro corazón de hijo a un Padre Bueno del cual sabemos que nos quiere y nos perdona.

  1. Temor de Dios:

 Nos induce a evitar el pecado porque ofende a Dios. Cuando se descubre el amor de Dios lo único que deseamos es hacer su voluntad y sentimos temor de ir por otros caminos. En este sentido existe temor de fallarle y causarle pena al Señor, no se trata de ninguna manera, de tenerle miedo a Dios, sino más bien de sentirse amado por Él y corresponderle. Con este Don tenemos la fuerza para vencer los miedos y aferrarnos al gran amor que Dios nos tiene.

 ¿Qué son los Frutos del Espíritu Santo?

Cuando se ejercita la práctica de las virtudes, se adquiere facilidad para vivirlas. Se hace con gusto lo que antes se hacía con sacrificio. A las virtudes le ocurre lo mismo que a los árboles: los frutos, cuando están maduros, ya no son agrios, sino dulces y de agradable sabor; lo mismo loa actos de las virtudes, cuando han llegado a su madurez, se hacen con agrado y se les encuentra un gusto delicioso. Estos actos de virtud se llaman frutos del Espíritu Santo. Cuanto más santa es una persona, más cerca está de la felicidad. A quienes tienen la alegría del Espíritu Santo todo se lo hace fácil.

Los “frutos” son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce.

Los frutos de caridad, de gozo y de paz.

Los tres primeros frutos del Espíritu Santo son la caridad, el gozo espiritual y la paz.

Caridad:

El acto de amor de Dios y del prójimo.

Gozo espiritual:

El que nace del amor divino y bien de nuestro prójimos.

Paz:

Una tranquilidad de ánimo, que perfecciona este gozo.

Estos tres frutos están unidos y se derivan naturalmente uno del otro. La caridad o el amor ferviente nos da la posesión de Dios; el gozo nace de esa posesión de Dios, que no es otra cosa que el contento que se encuentra en el goce del bien poseído. La paz mantiene al alma en la posesión de la alegría contra todo lo que es opuesto.

La caridad es el primero entre los frutos del Espíritu Santo, porque es el que más nos acerca a la verdadera y eterna felicidad y el que nos da un goce más sólido y una paz más profunda.

 Los frutos de paciencia y mansedumbre.

Paciencia: Sufrimiento sin inquietud frente a la adversidad; moderar los excesos de tristeza.

Mansedumbre: Refrenar la ira y tener dulzura en el trato.

Los frutos anteriores disponen a la persona a la paciencia, mansedumbre y moderación. Es propio de la virtud de la paciencia moderar los excesos de la tristeza, y de la virtud de la mansedumbre moderar los arrebatos de cólera.

La paciencia ve con alegría todo aquello que puede causar tristeza y cuando la paz está bien asentada en el corazón, no le cuesta a la mansedumbre reprimir los movimientos de cólera.

 Los frutos de bondad y benignidad.

Bondad: Dulzura y rectitud del ánimo; inclinación que lleva a ocuparse de los demás y a que participen de lo que uno tiene.

Benignidad: Ser suave y liberal, sin afectación ni desabrimiento. Manejar a los demás con gusto, cordialmente, con alegría.

Estos dos frutos miran al bien del prójimo. La bondad y la inclinación que lleva a ocuparse de los demás y a que participen de lo que uno tiene. No tenemos en nuestro idioma la palabra que exprese propiamente el significado de benígnitas y la palabra benignidad, se usa únicamente para, significar dulzura; y esta clase de dulzura consiste en tratar a los demás con gusto, cordialmente, con alegría.

 El fruto de longanimidad.

Longanimidad o Perseverancia: Firmeza del ánimo en sufrir, esperando los bienes eternos. Impide el aburrimiento o la pena que provienen del deseo del bien que se espera o de la lentitud y duración del bien que se hace, o del mal que se sufre y no de la grandeza de la cosa misma o de las demás circunstancias.

 El fruto de la fe.

Fe:

Exacta fidelidad en cumplir lo prometido.

La fe como fruto del Espíritu Santo, es cierta facilidad para aceptar todo lo que hay que creer, firmeza para afianzarnos en ello y seguridad de la verdad que creemos

Algunos entienden por la palabra fides, la fidelidad, la constancia en mantener las promesas hechas; otros, la facilidad para creer todo lo que se refiere a las cosas humanas, sin, dejarse llevar por desconfianzas mal fundadas, por sospechas y juicios temerarios.

 Los frutos de modestia, de templanza y de castidad.

Modestia:

 La que modera y regula en el hombre sus acciones, palabras, sus gestos.

Templanza o Continencia:

 La que modera los deleites de los sentidos.

Castidad:

La que refrena los deleites impuros.

La modestia es bastante conocida como virtud. Regula los movimientos del cuerpo, los gestos y las palabras.

Las virtudes de templanza y castidad atañen a los placeres del cuerpo, sublimando los actos ilícitos. La templanza refrena la desordenada afición de comer y de beber, impidiendo los excesos que pudieran cometerse; la castidad regula el uso de los placeres de la carne.

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