Liturgia: Ciclo C – XX Domingo del tiempo ordinario 14/08/2016 – Lecturas y Aportes para la Homilía

Liturgia: Ciclo C – XX Domingo del tiempo ordinario 14/08/2016 – – Lecturas y Aportes para la Homilía

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2013

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Introducción

He venido a prender fuego en el mundo

En este domingo las tres lecturas coinciden en mostrar que ejercer de profeta, como Jeremías o como Jesús, genera división en los “espectadores”, -término que emplea el autor de la carta a los Hebreos-. No es fácil proclamar la verdad que Dios quiere que sea conocida por los seres humanos. No sueles ser la esperada. “La verdad duele” se suele decir. Y la culpa recae sobre el mensajero. Pasó con Jeremías según la primera lectura; pasó con Jesús según la segunda; y el mismo Jesús avisa de ellos a sus discípulos. Asumir esa realidad, y no dejar de decir lo que hay que decir ni de actuar como hay que actuar sólo es propio de quienes no buscan el aplauso social y se exponen a la “división de opiniones” incluso entre los más cercanos que señala Jesús o que caiga sobre él la “ignominia”, como se apunta en la segunda lectura. Pero merece la pena, es el modo de vida de quien quiere ser coherente con su fe.

Fray Juan José de León Lastra
Licenciado en Teología

Liturgia de la la Palabra:

Lectura del libro de Jeremías 38,4-6.8-10:

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.»
Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.»
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.»
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: «Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.»

Sal 39 R/. Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R/.

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos. R/.

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R/.

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes. R/.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4:

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retiramos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,49-53:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

He venido a prender fuego en el mundo

Comentarios Biblicos:

Primera lectura: (Jeremías 38, 4-6.8-10)

Marco: El contexto es la situación de Jerusalén en el tiempo inmediato anterior a su destrucción el año 587 a.C. Se subraya la situación de carencia: el pueblo esta desanimado, el rey no tiene poder, no hay agua en las cisternas, no hay pan en la ciudad. La lectura forma parte de la así llamada “pasión de Jeremías”.

Reflexiones

1ª) ¡La resistencia a la palabra del profeta repercute en su persona!

Ese hombre no busca el bien del pueblo sino su desgracia. La situación era delicada. Jeremías ha de llevar adelante su ministerio profético en circunstancias difíciles. Nos han quedado algunos fragmentos dramáticos que hemos convenido en llamar las “confesiones de Jeremías”, que revelan muy bien la intimidad del alma de este profeta caracterizado por una exquisita sensibilidad, un amor entrañable a su pueblo y una fidelidad a Dios inquebrantable (Jr 11,18ss; Jr 15,10ss; Jr 18,18-21). También los profetas interpretaron la situación política (recuérdese la misión de Elías y, sobre todo, de Eliseo y otros muchos profetas como Natán, Isaías, Amós, etc.), porque son los intérpretes autorizados de las exigencias de la alianza que alcanza a todos los aspectos de la vida personal y nacional. El profeta tuvo que tomar parte en aquellas circunstancias y aconsejar que se rindieran al rey de Babilonia, como única salida posible y viable. Su consejo y su postura no fueron aceptados y le causaron dura oposición y persecución.

Segunda lectura: (Hebreos 12,1-4)

Marco: El contexto es la exhortación a la constancia y fortaleza en medio de las dificultades, contrariedades y persecuciones resistiendo activamente. El autor invita a los lectores a fijar la mirada en el ejemplo de Jesús que es quien abre camino
Reflexiones

1ª) ¡Dejemos de lado lo que obstaculiza y corramos en la carrera que nos toca!

Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe. Toda la historia de la salvación está orientada hacia la consecución de una gran esperanza. Esa esperanza iba tomando formas y expresiones diferentes, aunque siempre continuadas y complementarias, a lo largo de los siglos de preparación. Realizada la presencia del Salvador en el mundo, esta esperanza se expresa de una manera cristológica, es decir, el motivo y la meta de la esperanza es participar en la misma historia y destino de Jesús. El discípulo debe tener los ojos fijos en Jesús. Es necesario seguir adelante siempre y sin claudicaciones y, como sabemos, en medio de persecuciones a muerte: Olvidando lo que he dejado atrás me lanzo hacia delante en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde lo alto… De todos modos, sigamos adelante siendo consecuentes con lo que ya hemos alcanzado (Flp 3,12-16). Son exhortaciones, en ambos casos, que tratan de dar respuesta a una situación real y dolorosa. Todo es posible por el poder de Dios y la contribución de las virtualidades de todo orden que tenemos a nuestro alcance. La oferta que el cristianismo hace a los hombres es valiosa como el oro y conlleva que sea estimada como tal. Hoy como ayer hay que presentar el cristianismo como una respuesta que alcanza a lo más valioso del hombre y le promete la realidad que le proporciona su sentido.

Evangelio: (Lucas 12,49-53)

Marco: Proseguimos el viaje a Jerusalén. El fragmento podría titularse: el Reino no admite rivales; su prioridad es indiscutible en los planes y actuación de Jesús. El evangelio es una noticia inquietante, que puede engendrar la división.

Reflexiones

1ª) ¡Encender el fuego en el mundo, tarea principal de Jesús!

La imagen del fuego está relacionada con la espera escatológica*. Es una imagen que acompaña en las descripciones habituales que presentan los signos del fin. El propio Bautista recurre a ella en su predicación de marcado sabor escatológico también (Lc 3,16-17). La predicación de Jesús estaba intensamente coloreada por la espera y realización escatológica. Se trata de un fuego purificador en primer lugar: es necesario que la humanidad sea acrisolada al fuego para entrar en la gloria. También tiene el aspecto destructor. La relación de fuego y bautismo sugiere igualmente la idea de la regeneración total. No olvidemos que en este itinerario hacia Jerusalén, Jesús quiere instruir de modo peculiar a sus discípulos. Esta enseñanza va dirigida especialmente a ellos: el destino de Jesús es pasar por el fuego y el bautismo de su muerte y resurrección para hacer presente en el mundo el fuego purificador para siempre y ofrecer un bautismo que transforme a la humanidad. Estas imágenes, por tanto, nos invitan a comprender el mensaje de Jesús a sus discípulos de forma y que alcance a todo el ser del hombre.

2ª) ¡Jesús es un signo de contradicción, una bandera discutida y un valor absoluto!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. Hemos de habituarnos al estilo paradójico de Jesús. Una lectura precipitada de estas expresiones podría conducir a una comprensión desviada de sus palabras. Jesús proclamó dichosos a los promotores de la paz; se opuso a la violencia. La sangre de su cruz establece la reconciliación y la paz entre todas las cosas y entre los hombres y Dios. La paz es uno de los bienes fundamentales que se esperan para la etapa central de la salvación, porque la paz sintetiza todos los bienes de la salvación. El Dios de Jesús es un Dios de paz y no de aflicción o de guerra. ¿Cómo entender entonces estas palabras? En la Biblia hay diversos géneros literarios y uno de ellos es el uso de la paradoja. Jesús, que es el Príncipe de la paz, afirma que no ha venido a traer la paz. Cuando Jesús pide, como condición para seguirle, que hay que negarse incluso a sí mismo, o cuando dice que no es digno de él quien no le prefiere, incluso a los seres familiares más queridos, está suscitando una elección radical. En una misma familia puede haber miembros que se deciden por el seguimiento y otros no. ¿Qué ocurre entonces? Que se produce una criba, una división, no querida directamente por Jesús, sino resultado de la opción tomada por el discípulo que decide seguirle. Es decir, el seguimiento de Jesús provoca muchas oposiciones. Jesús es una bandera discutida. Simeón lo había afirmado en la presentación del templo (relato de la infancia, Lc 2), donde leemos una página entendida retrospectivamente*. La prueba definitiva de que Jesús fue rechazado por su pueblo es que fue condenado a muerte en cruz (cf. Jn 7 y 8: en ambos capítulos aparece por once veces que la vida de Jesús estaba en grave peligro de muerte; en ellos se subraya la labor de juicio y de criba que provoca la palabra y los gestos de Jesús).

Es, por tanto, una verdad extendida por todo el evangelio que la persona, las palabras y los gestos de Jesús, que vino a establecer la definitiva paz entre los hombres, y entre Dios y los hombres, de hecho lleva consigo la división por la exigencia de la opción tomada frente a él. División no querida, pero inevitablemente producida. Jesús es un valor absoluto que está incluso por encima de la sagrada institución de la familia.. Este evangelio sigue siendo vivo hoy, pero encuentra no pocas dificultades. No es fácil compaginar la seriedad del seguimiento de Jesús, así presentado y planteado, y la cultura de los hombres de hoy. ¿Hablaría de la misma manera, propondría las mismas exigencias, se arriesgaría de la misma manera si Jesús viniese hoy al mundo como lo hizo entonces?… La respuesta es que el Evangelio es único y para siempre y que, por tanto, Jesús es único y para siempre: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre (Hb 13,8).

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)

Pautas para la Homilía:

  • Tener conciencia del impacto social de la predicación del evangelio.

Cuando se escribe el texto evangélico ya había plena conciencia de que el llamado Evangelio, las ideas y actitudes que dimanan de la vida y predicación de Jesús, y que sus discípulos hacen suyas, no han dejado indiferentes a quienes las hacen conocer, como si fueran unas creencias más en medio de tantas como proliferaban en la sociedad de entonces. Exigen una nueva visión de Dios y del ser humano, también de la comunidad humana que no suele ser la que el ser humano desea. Y eso no se puede olvidar.

  • Aceptar el evangelio exige lucha, esfuerzo en el interior de cada uno

Lucha, esfuerzo en el interior de cada uno. Comprometerse con Jesús, con la verdad que ofrece, con su estilo de vida, sentir como él sintió, no está de acuerdo con las pulsiones más inmediatas y urgentes de nuestra condición humana, que buscan aburguesar nuestra vida, quedarse con lo “que el cuerpo pide” y también, y sobre todo el “espíritu”, que es disfrutar de lo fácil y cómodo y no complicarse la vida. Aunque ello implique no tomar en serio la fe que se dice profesar, dejarla en un segundo plano, tras otros intereses distintos, si no contrarios..

  •  Jesús divide a la sociedad

La lucha interior que exige la fe se traslada a las relaciones humanas. Ni estructuras sociales que deben fundarse en la coincidencia de proyectos de vida, como la familia, resisten con facilidad el compromiso cristiano asumido con coherencia, y surge la división o el enfrentamiento entre sus miembros, que anuncia Jesús. Piénsese, por ejemplo, lo que con frecuencia sucede cuando un hijo se siente llamado al sacerdocio o a la vida religiosa, y contraría por ello las expectativas familiares. O simplemente cuando un miembro de la familia, un hijo, por ejemplo no se pone como primer objetivo mantener y mejorar el status socioeconómico de la familia, porque sus intereses, su vocación va en otra dirección. Pensemos también en lo que sería pretender organizar la vida económica y política desde las enseñanzas evangélicas incluso en una sociedad que se llama cristiana. ¡Cuánta oposición! ¡Cuánta crítica por ser idealista, y no acomodarse al estilo de vida vigente!

  • A pesar de todo merece la pena apostar fuerte por Jesús

Conscientes, eso sí, de nuestras debilidades y de las incoherencias que se nos pegan al ser dada nuestras limitaciones, también y sobre todo morales. “No os canséis y no perdáis el ánimo” dice el autor de la carta a los Hebreos en la segunda lectura. Y lo dice porque por ahí pasó Jesús en quien tenemos que “tener fijos los ojos”, como añade. Vivir el Evangelio o simplemente vivir con la dignidad propia del ser humano –que el Evangelio nos descubre- exige tensión en nuestro interior y en nuestras relaciones humanas. Abandonar la tensión es malgastar la vida. Es duro ese compromiso, pero no estamos solos si nos damos tiempo a contar con quien “inició y completa nuestra fe”, Jesús, “sentado ahora a la derecha del Padre”, -segunda lectura-, pero presente en nuestra historia personal.

Fray Juan José de León Lastra
Licenciado en Teología
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Acerca de JESÚS ANTONIO

"Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida". SAN JUAN PABLO II

Publicado el 13 agosto, 2016 en El Blog de Jesús Clara, La Liturgia en la Iglesia Católica, La Santa Misa y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en Liturgia: Ciclo C – XX Domingo del tiempo ordinario 14/08/2016 – Lecturas y Aportes para la Homilía.

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