Zen a los católicos chinos; si llega el acuerdo con el gobierno, no tienen que seguir al Papa

El obispo emérito de Hong Kong hace un llamado a la «conciencia» y exhorta a los «hermanos y hermanas» de la República Popular a ignorar un posible acuerdo entre el China y la Santa Sede, aprobado por el Sucesor de Pedro. Una ruptura anunciada, en contra de la misma vía del diálogo que siguieron Juan Pablo II y Benedicto XVI
AP-LAPRESSE

El cardenal Zen durante una protesta

30/06/2016
GIANNI VALENTE

Si la China popular y la Santa Sede llegaran a un acuerdo, tendría, evidentemente, «la aprobación del papa». Sin embargo, los católicos chinos ya no tendrán que tomarlo en cuenta si lo consideran, «en conciencia», «contrario al principio de la fe». Palabra del cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong.

Como se sabe, al anciano purpurado no le gusta mucho el tipo de «pax» sino-vaticana que parece estar cobrando forma con las negociaciones en curso entre los funcionarios chinos y los oficiales vaticanos, confirmadas incluso por Papa Francisco. Así, tomando la iniciativa, el alto prelado salesiano exhortó a los católicos chinos a emprender el camino de la disociación silenciosa, y también con respecto a eventuales medidas y prácticas que podrían ser aprobadas oficialmente por el Obispo de Roma, como «extrema ratio» para esquivar las implicaciones de un posible y futuro acuerdo entre Pekín y la Sede Apostólica.

El llamado fue lanzado por Zen desde su blog personal: «Hermanos y hermanas del Continente, ¡debemos honrarnos!», escribió el cardenal con tonos perentorios a los católicos de la República Popular China. En las primeras líneas, el purpurado identifica inmediatamente a sus objetivos polémicos: son los que «están de parte del gobierno», y «los oportunistas de la Iglesia», quienes «esperan que la Santa Sede firme un acuerdo para legitimar la actual y anómala situación». Todos ellos, sostiene Zen, en los últimos tiempos han gritado que se necesita estar «listos para escuchar al Papa», y obedecer «todo lo que diga». E incluso, los mismos llegan a pronosticar que el rechazo de las decisiones aprobadas por el Papa podría llegar justamente de algunos de los que siempre han usado contra otros la crítica de la poca fidelidad al Papado y a la Iglesia de Roma. Ante estos nuevos escenarios, Zen invitó sobre todo a «mantener la calma», y después ofreció a los hermanos y hermanas «continentales» líneas guía para afrontar este momento tan delicado, mientras llegan tiempos mejores. Reconoce que en la Iglesia «la autoridad suprema es el Papa, Vicario de Cristo en la tierra». Recuerda que en los últimos años, sobre todo durante el Pontificado de Papa Benedicto, él mismo ha repetido siempre «que la Santa Sede no representa al Papa. Pero claro, si un día se firmara un acuerdo oficial entre China y la Santa Sede —reconoce Zen—, entonces seguramente ese acuerdo tendría la aprobación del Papa». En esta eventual circunstancia, sugiere preliminarmente el obispo emérito de Hong Kong, «cualquier cosa que sea aprobada por el Papa, nosotros no la tenemos que criticar». Hay que evitar cualquier reacción que pueda ser reconocida y rechazada como una crítica directa al Sucesor de Pedro. Pero, lo que es seguro, añade inmediatamente Zen, «a final de cuentas es la conciencia el último criterio para juzgar nuestro comportamiento. Entonces, si según su conciencia el contenido de cualquier acuerdo es contrario al principio de nuestra fe, no tienen que seguirlo». Para justificar la evocada disociación con respecto a eventuales acuerdos entre China y la Santa Sede aprobados por el Papa, Zen cita (volviendo a proponer una síntesis libre, que no representa el texto original) las palabras de Papa Benedicto XVI a los católicos chinos (de junio de 2007), y en la que se declara que los principios autonomía, independencia, auto-gestión y administración democrática de la Iglesia perseguidos por la Asociación Patriótica y los demás organismos patrióticos inspirados por los aparatos políticos chinos, no son «conciliables» con la doctrina católica. «Ustedes», escribió el cardenal a los hermanos y hermanas del Continente, «no deben nunca, por ningún motivo, unirse a la Asociación Patriótica». En la parte final de su breve mensaje, el anciano purpurado pronostica un futuro de catacumbas para los que no quieran aceptar el acuerdo entre la Santa Sede y China, y, según su opinión, deberán estar listos a renunciar a la práctica pública de los sacramentos y de la vida eclesial que hoy connotan y alimentan la condición ordinaria y cotidiana de los católicos chinos.

«En el futuro», explicó Zen comparando los efectos de un posible acuerdo entre China y el Vaticano con las condiciones que vivieron los cristianos chinos en los años oscuros y crueles de la Revolución Cultural, «hay que temer que ya no tendrán un sitio público para rezar, sino que podrán rezar en casa; y aunque no existiera la oportunidad de recibir los sacramentos, el Señor Jesús irá a su corazón; y aunque ya no fuera posible ser sacerdote, podrán volver a casa y cultivar los campos. El sacerdote se queda sacerdote para siempre». El mensaje de Zen acaba con frases para tranquilizar a los que leyeren: la resistencia que propone ante el eventual acuerdo entre Pekín y la Sede Apostólica podría ser breve: «La Iglesia primitiva», escribió el cardenal que nació en Shanghái, «tuvo que esperar 300 años. No creo que nosotros tengamos que esperar tanto. El invierno está por acabar».

El llamado del cardenal Zen a ignorar eventuales decisiones futuras aprobadas por el Papa representan una fractura anunciada, después de la movilización que lleva 20 años del alto prelado de Hong Kong contra todos los pasos que ha dado la Sede Apostólica en el terreno de las relaciones entre los aparatos chinos y la Iglesia católica que no consideraba adecuados. El arsenal del cardenal de 84 años incluye deslegitimar las posiciones que no comparte y que presenta siempre como ambiguas y, según su opinión, que ceden en el nivel de la sana doctrina, por lo que serían sospechosas de presuntos oportunismo y contubernio interesado con el poder chino y, sobre todo, una representación fija y preconfeccionada de la vida del catolicismo chino durante los últimos 70 años, con el objetivo de ocultar todos los datos que la realidad que no sirven a su lucha constante. Por ejemplo, para reconocer como un pretexto la objeción de conciencia propuesta frente a eventuales acuerdos sino-vaticanos aprobados por el Papa, teñidos a priori de condescendencia hacia los organismos patrióticos construidos por el poder chino, bastaría recordar que Juan Pablo II y Benedicto XVI, durante sus respectivos Pontificados, legitimaron o nombraron directamente a decenas de obispos chinos que tenían relaciones ordinarias con esos organismos e incluso algunos tenían puestos importantes en su interior. Para Papa Wojtyla y para Papa Ratzinger, que los obispos pertenecieran formalmente a la Asociación Patriótica de los católicos chinos nunca fue, en sí misma, un obstáculo para la plena y reconocida comunión sacramental y jerarquía entre esos obispos y el Sucesor de Pedro. Y nadie impuso que salieran formalmente de la Asociación Patriótica como condición para obtener el mandato pontificio al propio ministerio episcopal. Juan Pablo II y Benedicto XVI siempre indicaron la vía del diálogo, y no la de la contraposición, como instrumento para tratar de resolver los problemas que vive el catolicismo chino en las relaciones con las autoridades civiles.

Sea como sea, en el delicado momento que viven en la actualidad las relaciones sino-vaticanas, las indicaciones que ha difundido el cardenal Zen apelan a todos, empezando por los católicos chinos: obispos y sacerdotes, religiosos y laicos, a los llamados oficiales y a los llamados clandestinos. Cada quien en la libertad de la propia conciencia iluminada por la fe, podrá atesorar ese «sensus fidei»que en el ex Celeste Imperio ha sido custodiado incluso en los tiempos duros de la cruel persecución. El mismo «sensus fidei» que siempre señala también la comunión real con el obispo de Roma, Sucesor de Pedro.

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Acerca de JESÚS ANTONIO

"Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida". SAN JUAN PABLO II

Publicado el 30 junio, 2016 en China - Asia, El Blog de Jesús Clara y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en .

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