El Blog de Jesús Clara

Una defensa personal del marcapáginas

Uno de los objetos más educados que inventó el lector es el marcapáginas. Las esquinas dobladas o rotas de las hojas de papel de un libro revelan al ignorante, al remontasetos que desconoce donde está la puerta por la que se entra y sale del jardín.

En el debe de los vándalos de biblioteca hay libros de esquinas desmochadas, heridos por la pereza intelectual del ignaro de turno. Por no decir de los que aparecen profusamente anotados —me ocurrió con El maestro y margarita de Bulgakov—, como si el libro fuera de su propiedad y no un objeto de uso de todos, limpio y sin las consideraciones de usted que lo anotó, notas que sólo le importan a usted y a nadie más. Si quiere anotar un libro, cómprelo y ahórrenos a los demás su diarrea lapicera.

Pocas cosas son más fáciles que improvisar un marcapáginas: bien sirve un boleto…

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