Liturgia: VI Domingo de Pascua-Lecturas-Moniciones-Oración de los Fieles-Aportes a la Homilía.

Liturgia: VI Domingo de Pascua-Lecturas-Moniciones-Oración de los Fieles-Aportes a la Homilía.

Ciclo
C

VI Domingo de Pascua
01/05/2016

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“Él será quien os lo enseñe todo”

“Sólo Dios basta”, viene a concluir el célebre poema de Santa Teresa, en buena conformidad con las lecturas de la liturgia de hoy. Pero, ¿acaso podía ser de otra manera? El mismo pensamiento humano, por su sola luz, ya había alcanzado a identificar la máxima simplicidad con la expresión de lo más verdadero y auténtico. Y, como bien atina la expresión popular, el bosque no nos deja ver los árboles. ¿Qué árboles componen este bosque, que el bosque no nos deja ver?

Fr. Ángel Romo Fraile
Convento de San Esteban (Salamanca)

1) Monición de Entrada

 Hermanos:
Pasaron seis semanas desde que recibimos la alegre noticia de la Pascua del Señor. Este domingo es como una despedida virtual, porque si bien Jesús vuelve al Padre no es para alejarse sino para estar más presente junto a nosotros intercediendo ante el Padre por cada uno. Es una permanencia efectiva con su Espíritu Santo, como celebraremos en Pentecostés. Cantemos…

2) Saludo de bienvenida – Sacerdote:

La liturgia de este último domingo de Pascua nos hace oír su consigna: si de verdad me aman, cumplan mis palabras. Les doy mi paz, nada teman en adelante, porque yo vendré con mi Padre a morar en ustedes. Por todo esto: Que el amor y la paz del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estén siempre con cada uno de ustedes.

3) Acto penitencial – Sacerdote:

Tengamos un corazón sincero ante el Señor, porque no siempre nuestro amor a Dios es tan fuerte como para no desviarnos de sus preceptos.

Lector:

– Porque sólo tú tienes palabras de vida eterna; ayúdanos a cumplirlas con alegría y fidelidad entusiasta. Señor, ten piedad.
– Porque tú nos amas de verdad y perdonas nuestras ofensas; ayúdanos a perdonar y amar a quienes nos ofenden. Cristo, ten piedad.
– Porque tú iluminas nuestra inteligencia y nos exhortas a una continua conversión; ayúdanos a vivir este camino junto a otros hermanos. Señor, ten piedad

Sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

4) Liturgia de la palabra

Monición Primera lectura (Hech 15, 1-2; 22-29):

Se reúnen los apóstoles en Jerusalén, como en un primer concilio, para definir el camino a seguir frente a las nuevas realidades que habían surgido con la llegada de los paganos a la fe.

“Él será quien os lo enseñe todo”

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaban de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban como manda la ley de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los Apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los Apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes de la comunidad, y les entregaron esta carta:
«Los Apóstoles, los presbíteros y los hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido por unanimidad elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor. En vista de esto mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que no os contaminéis con la idolatría, que no comáis sangre ni animales estrangulados y que os abstengáis de la fornicación.
Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

Palabra de Dios.

Monición Salmo responsorial (Sal 66):

El Salmo 66 invita a todos los hombres y pueblos a alabar y bendecir con júbilo al Señor por su bondad y salvación. Luego de cada estrofa repetimos:

R.Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Salmo Responsorial 66, 2-3. 5. 6 y 8

R.Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud,
y gobiernas las naciones de la tierra. R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R.

Monicion Segunda lectura (Apoc 21, 10-14. 22-23):

En sus visiones apocalípticas, Juan contempla el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, como una nueva Jerusalén que baja del cielo, con todo esplendor y majestad.

Lectura del Libro del Apocalipsis 21, 10-14. 22-23

El ángel me transportó en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén,
que bajaba del cielo, enviada por Dios
trayendo la gloria de Dios.
Brillaba como una piedra preciosa,
como jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta
y doce puertas custodiadas por doce ángeles,
con doce nombres grabados:
los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas,
al norte tres puertas,
al sur tres puertas,
y a occidente tres puertas.
El muro tenía doce cimientos que llevaban doce nombres:
los nombres de los Apóstoles del Cordero.
Templo no vi ninguno,
porque es su templo el Señor Dios Todopoderoso
y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre,
porque la gloria de Dios la ilumina
y su lámpara es el Cordero.

Palabra de Dios.

Monición Lectura del Evangelio (Jn 14, 23-29):

Quien ama al Señor, cumple su palabra. Quien no la cumple miente, por más que diga amarlo y se priva de su presencia y de su paz.

Lectura  del santo Evangelio según San Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado ahora que estoy a vuestro lado; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La Paz os dejo, mi Paz os doy: No os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir:
«Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.

Palabra del Señor.

5) Oraciones de los fieles

Sacerdote:

El Señor Jesús reina junto al Padre intercediendo por nosotros. En este domingo de despedida, antes de su ascensión al cielo, pidámosle que nos conserve en su Iglesia unidos en su amor y cumpliendo fielmente su palabra. A cada intención digamos:

Que vivamos tu evangelio con fidelidad y alegría.

  •  Si sólo tú tienes palabras de vida eterna, que busquemos la verdad y la vida en la enseñanza de la Iglesia, del Papa y los obispos. Oremos…
  •  Cuando la experiencia nos asegura que tu palabra es la verdad y la luz de los ojos, que entreguemos una seria catequesis a nuestros niños y jóvenes. Oremos…
  •  En este mundo que no tiene certezas, que entreguemos confianza a nuestros contemporáneos con el testimonio de vida, como lo hicieron los apóstoles. Oremos…
  •  Te pedimos por todos los cristianos, para que seamos evangelios vivientes para que el mundo crea. Oremos…
  •  Te pedimos también por los que nos precedieron en la fe y la vida cristiana, para que por nuestras oraciones alcancen tu luz e intercedan por nosotros. Oremos…

Sacerdote:

Señor Jesús, que prometes tu presencia y la de tu Padre a quienes te amamos y cumplimos tu palabra, que tu Espíritu nos dé fidelidad, alegría y valentía para que nunca nos quedemos en palabras. Amén.

6) Monición Presentación de las ofrendas

Jesús vive y actúa en nosotros cuando cumplimos con amor sus palabras. Entonces podemos proclamar con Pablo: no soy yo sino  que es Cristo quien vive en mí, y el Padre nos asegura: tú también eres mi hijo muy amado en quien me complazco. Junto al pan y el vino presentemos nuestro empeño por lograr que la vida de Dios inspire todas nuestras actividades. Cantemos…

7) Monición antes de la Comunión

.Si nos esforzamos por vivir en Cristo, por él y en él, él nos irá transformando a su imagen y semejanza. Sepamos encontrarlo en la vida cotidiana y a oír su voz en los más pequeños signos. Que esta comunión actúe en nosotros su amor y salvación… Cantemos…

8) Sacerdote Despedida y bendición final Monición:

El evangelio era la despedida de Jesús, ya que el próximo domingo celebramos a su ascenso a la derecha del Padre, y estará siempre vivo para interceder por nosotros. Prolonguemos en estos días el anhelo ferviente de estar eternamente todos con él en torno a su Padre, cuando definitivamente Dios sea todo en todos.

Bendición:

Y que la bendición del Padre, del Hijo † y del Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes y los acompañe a lo largo de la semana.

Envío:

Anhelando la llegada de Pentecostés, ¡vayamos en paz!

Aportes para la Homilía.

“Él será quien os lo enseñe todo”

Está viendo el comentario bíblico de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

También puede ver el de:Fray Miguel de Burgos Núñez

Primera lectura: (Hechos 15,1-2.22-29)

Marco: El marco general es el así llamado Concilio de Jerusalén: la reunión de la asamblea, los graves problemas que la provocaron y la resolución final dirigida a los hermanos de Antioquia.

Reflexiones

1ª) ¡La libertad del Evangelio no se puede anular ni recortar!

El problema clave era el siguiente: ¿basta con la fe en Jesús y la recepción del bautismo para entrar en la Iglesia y participar de la salvación realizada en Cristo o es necesario pasar primero por el judaísmo asumiendo su prácticas como son la circuncisión y el cumplimiento estricto de la ley de Moisés?. Se cuestionaba la libertad del Evangelio aportada por Jesucristo y predicada por Pablo y Bernabé que dio acceso a los gentiles a la Iglesia. Volver a las prácticas judaicas, anulaba la fuerza salvadora de la Cruz o, cuanto menos, la reducía gravemente. En Antioquia, evangelizada por los Diáconos huidos de Jerusalén después de la muerte violenta de Esteban, hay una comunidad que vive del espíritu de los helenistas muy semejante al de Pablo. Estaba en peligro la unidad de la Iglesia. Por eso deciden enviar a Jerusalén algunos hermanos con Pablo y Bernabé para exponer la grave situación a los apóstoles y que dictaran la línea a seguir en el futuro. Es necesario hoy también volver a la pureza del Evangelio de la gracia y de la libertad en Cristo Jesús que exige una fidelidad que puede conducir al martirio. Es más exigente la libertad evangélica que el aferrarse a determinadas prácticas que podrían significar un refugio y un consuelo fácil.

2ª) ¡La comunidad cristiana también tiene una palabra que decir!

Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquia con Pablo y Bernabé. El pueblo de Dios también tiene una palabra y la toma en aquellas discusiones y decisiones definitivas para el futuro de la evangelización y de la Iglesia. La Iglesia toda escucha el informe de Pablo y Bernabé y asume su propia responsabilidad. Una Iglesia reunida con los presbíteros y con los apóstoles. Todos dialogan, comparten, oran, sufren y esperan. Jesús quería que su Iglesia fuera una y viviera en la comunión para que el mundo pudiera creer en su misión salvadora. Ahora se encuentra en la situación de asumir aquellas palabras expresadas, como un profundo deseo y plegaria, en el discurso de la Cena (Jn 17). Evidentemente, cada uno cumple su tarea. La última palabra la tienen los apóstoles y los presbíteros porque gozan de un carisma singular concedido por Jesús y por el Espíritu en servicio de la comunidad local y universal. Finalizadas las discusiones y los informes, el autor de Hechos nos recuerda que juntos llegaron a un acuerdo y a unas decisiones que tranquilizarán a los hermanos de Antioquia y asegurará la paz y la comunión en la comunidad, por una parte; y, por otra, dejarán la puerta abierta para ulteriores viajes misioneros entre los paganos.

Segunda lectura: (Apocalipsis 21,10-14.22-23)

Marco: El contexto: derrota de los poderes del mal que persiguen a la Iglesia y triunfo final de la Iglesia de Jesús, de la Iglesia de los mártires. El tema de hoy es la descripción de la nueva Jerusalén como destino y descanso final de los testigos de la fe que perseveraron hasta el final.

Reflexiones

1ª) ¡La belleza de la ciudad celeste como última expresión de la ternura y generosidad de Dios!

Me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios… En las Escrituras que venimos proclamando durante esta cincuentena pascual se intenta orientar la mirada y el corazón de los oyentes hacia la meta final, fruto de la muerte y resurrección de Jesús. El acontecimiento pascual está proyectado hacia el futuro glorioso a la vez que alienta la peregrinación actual de la Iglesia. El autor intenta alentar a los perseguidos con la esperanza gozosa al final del camino y para ello recurre a la simbología y a las imágenes. Es necesario insistir en este doble plano en el que se mueve el autor para evitar dos peligros: rechazar su mensaje, porque se nos puede antojar fantasioso, o tomarlo al pie de la letra y caer en desviaciones que se han producido, más de una vez, en la historia. La meta de la Iglesia perseguida es llegar a un estado (no un lugar) en el que la vida es definitiva y la alegría desbordante por encontrarse en comunión con Dios y con el Cordero resucitado y glorificado. Pero esto había que expresarlo en imágenes visuales y eligió la de una ciudad fuerte, amurallada y rica en bienes y dones. Una y otra vez la Palabra de Dios invita a los lectores actuales a no perder la tensión que conduce hacia esa meta. Es necesario pasar por la persecución, pero está garantizado el final. Como ocurrió en Jesús ocurrirá en su Iglesia: el camino de la pasión conduce a la gloria de manera segura y firme.

2ª) ¡La luz y la gloria de Dios envuelven a la ciudad celeste y sus habitantes!

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. En la Jerusalén celeste Dios lo será todo en todos. Él solo basta para saciar los anhelos de felicidad que el hombre lleva en su corazón. Recordemos las palabras de san Agustín: nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón no encontrará el sosiego hasta que descanse en ti. Y también se presenta esta realidad envuelta en las imágenes de la luz, símbolo muy querido por la Escritura. El autor se imagina que Dios está envuelto en una luz pura y sin sombra alguna, porque las tinieblas son símbolo del mal, de la desdicha, de la muerte, y todo ello está ausente de Dios. La imagen de las sombras de la muerte recurre frecuentemente en la Escritura. En el extremo contrario de las tinieblas se encuentra la luz inmarcesible de la gloria de Dios que simboliza su presencia gozosa, el bienestar y todos los bienes que Dios ofrece para llenar el corazón del hombre. Estas imágenes nos permiten atisbar la realidad del triunfo final en aquel estado en que Dios lo es todo en todos.

Evangelio: (Juan 14,23-29)

Marco: El contexto es el discurso de despedida de Jesús con sus peculiaridades y características. El contexto más concreto se centra en la vuelta de Jesús, el segundo anuncio del Paráclito y una síntesis del discurso en su globalidad.

Reflexiones

1ª) ¡Para el itinerario terrestre, la Iglesia y cada discípulo de Jesús cuenta con la compañía amorosa de los tres!

El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Jn 14, 15 y 16 son los textos trinitarios más rumiados y pensados del Nuevo Testamento. El Padre vela por su familia con amor, solicitud providente y ternura. El Hijo promete volver y quedarse con la comunidad para siempre durante el itinerario que ha de realizar en la historia. El Espíritu vendrá a estar, a habitar, a enseñar y acompañar el testimonio de la Iglesia. En la espiritualidad de la escuela joánica el verbo «permanecer» significa presencia, inhabitación y mutua relación y, a la vez, firmeza y seguridad. Es una respuesta admirable a la sensación de soledad que pesa sobre los discípulos por la marcha de su amigo y maestro. Era necesario dar seguridades a los discípulos para la misión que se les encomendaba. Los tres estarán, con toda seguridad, en la Iglesia para siempre y de modo permanente. En la intimidad de cada uno y de todos juntos. Dios no se ha ido ni se va de este mundo. Es necesario, en nuestra evangelización, invitar una y otra vez a los hombres y mujeres que ese Dios cercano sigue presente pero respetuoso. El mundo necesita el encuentro con ese Dios que habita en medio de su pueblo y en medio de la humanidad en la cotidianidad de la vida.

2ª) ¡El Espíritu, enviado por el Padre y Jesús, enseñará y actualizará siempre el Evangelio!

El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. En el fragmento que hoy proclamamos se centra en dos actividades importantes: enseñar y recordar. La actividad docente del Paráclito continúa la actividad docente de Jesús. No enseña el Espíritu contenidos nuevos añadidos al Evangelio de Jesús. En efecto, el Evangelio es único y no hay otro bajo el cielo. El Evangelio del Reino proclamado por Jesús y el Evangelio de Jesús el Señor proclamado por la Iglesia es el mismo en dos etapas sucesivas. La actividad docente del Paráclito consiste en llevar a los discípulos y a la Iglesia al núcleo de la enseñanza de Jesús. Se trata de una enseñanza interpretativa, profundizadora y animadora. Quizá un ejemplo lo clarifique mejor. Jesús afirma en el sermón de la montaña: cuando oréis, dirigíos a Dios como vuestro Papá. Sólo el Espíritu Santo será el encargado de llevarlos al núcleo de esta realidad. Otro ejemplo también del sermón de la montaña. Jesús afirma que han de amar a los enemigos. Eso no lo entendieron los apóstoles y discípulos cuando oyeron a Jesús por que les desbordaba. Sólo el Espíritu Santo es el encargado de interpretarles, de conducirles a la verdad de este precepto que Jesús mismo practicó en la cruz. La segunda tarea, es el «recuerdo»: fidelidad al Evangelio y creatividad para hacerlo creíble, fiable y eficaz en todos los tiempos y en todas las circunstancias en que se encuentren la Iglesia y los hombres.

3ª) ¡Los amigos deben alegrarse del bien de su Amigo!

Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Jesús abre su corazón a sus discípulos. En el clima conseguido por la escuela joánica en su singular y personal reflexión e interpretación de los últimos momentos de Jesús en la tierra, podemos leer estas palabras. Ya sabemos que este discurso es una composición de la escuela joánica recurriendo a elementos que pertenecen, según el testimonio de los otros evangelistas, al ministerio terreno de Jesús. Lo peculiar de Juan es haberlos conjuntado en un solo discurso, haberlos relacionado con la Cena y ponerlos en gran parte en labios del Jesús resucitado que vuelve a su comunidad y la alienta para el futuro que le espera y para la misión a la que es destinada. Es un discurso apropiado para leer durante la cincuenta pascual. Para leerlo y meditarlo, porque sigue siendo una palabra necesaria hoy. Los hombres necesitan que la Iglesia y cada creyente demos testimonio de la amistad que nos ofrece Jesús. Si me armarais os alegraríais de mi destino, en primer lugar, y del vuestro en seguimiento mío. En un mundo atraído y preocupado en demasía por la eficacia y el provecho personal, estas palabras que describen la verdadera amistad podrían abrir horizontes de realización humana insospechados.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)

Homilías

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“Él será quien os lo enseñe todo”

Este tiempo de Pascua nos evoca siempre el comienzo de la historia de las comunidades cristianas primitivas, sus primeros pasos, sus primeros balbuceos. No en vano, la Iglesia – afirmamos – nace de la experiencia de la Resurrección. Esta evocación viene corroborada por la liturgia que ofrece a nuestra consideración los relatos de los Hechos de los Apóstoles.

Una cuestión fundamental que se nos suscita en relación a estos comienzos es el tránsito entre las pequeñas comunidades campesinas surgidas en torno a Jesús – siempre en el contexto judeo-palestino – y las nuevas iglesias que se van formando por todo el imperio romano y que terminarán por convertirse en religión oficial del mismo. ¿Cómo explicar que aquel movimiento tan exiguo y tan provinciano, radicado en una región marginal del imperio encontrara aceptación entre gentes y lugares dispares y se multiplicase incesantemente?

Es la obra del Espíritu – afirmamos – sin la cual, nada puede florecer ni mantenerse. Y bien cierto es. Pero el Espíritu asiste – no reemplaza – las opciones del hombre y de la historia. Los estudiosos de la historia primitiva del cristianismo han identificado en la simplicidad de la propuesta cristiana una razón crucial para su aceptación y difusión por las grandes ciudades del imperio. En un auténtico mercado de religiones y filosofías que competían entre sí para conseguir adeptos, con sus fracasadas ofertas de bienestar y salvación, el modesto cristianismo se abre paso. Frente a la multitud de religiones tradicionales, con sus templos, sacerdotes, estatuas, y demás gravosas instituciones socio-religiosas, siempre unidas al poder; frente a la nueva pléyade de religiones mistéricas y sus ritos exóticos sólo aptos para iniciados; frente a las filosofías que ofrecían sabidurías de vida sólo asumibles para los que podían permitirse el lujo de vivir meditando; el cristianismo naciente se destaca por ofrecer una propuesta alcanzable y abierta a todos, fundamentada en la simplicidad de una mínima doctrina: la de la encarnación, muerte y resurrección del Dios-Hombre – el Kerigma – como propuesta de sentido para todo hombre; la unión a su muerte y resurrección por el rito sencillo del bautismo; y en la simplicidad de una praxis vital consistente, concentrada en el amor fraterno, también ritualizada en la práctica de la fracción del pan. “Hemos decidido,[pues], el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables”.

Hoy, nuestro mundo global se parece mucho a ese mercado de las religiones del Imperio Romano… Aquel cristianismo incipiente ¿no tiene nada que enseñarnos hoy?

Una segunda cuestión crucial relacionada es cómo asegurar la fidelidad de todas estas nuevas comunidades dispersas por el Imperio Romano al proyecto originario de Jesús; cómo garantizar el que se mantenga en su pureza originaria.

Es la obra del Espíritu –afirmamos de nuevo –, que garantiza esa fidelidad; y, sin duda, de nuevo, decimos bien: “el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Pero, de nuevo, hemos de atender a la historia en la que el Espíritu despliega su acción. El cristianismo, en aquellos tiempos era un cristianismo en formación: estaba por hacer; pero, recuerda el poeta, “no hay camino; se hace camino al andar”. Y el Espíritu ha lanzado a la Iglesia al camino, al camino que ha de hacer en su caminar, tarea que no debía ser fácil, en vista de la pluralidad de gentes – con sus antecedentes, situaciones y culturas varias. Mucha fe había que tener en ese Espíritu que había de guiar tal proceso, pues “Él será quien os lo enseñe todo”. Mucha fe había que tener en ese Espíritu para pensar que el camino llegaría a buen puerto.
Pero, ¡más fe había de tener el mismo Espíritu en los hombres, a quienes lanzó al camino, a quienes lanzó a construir su Camino en medio de la historia! ¡Más fe hubo de tener el Espíritu al dejar en manos de los hombres la obra encomendada a Jesucristo! ¡Más fe ha tenido el Espíritu en nosotros al depositar en nuestras manos la Palabra del Padre! ¡Más fe ha tenido el Espíritu al encomendarnos la paz de Dios al mundo!

El Camino no se ha concluido, porque su fin no es concluirse sino seguir ofreciendo a los hombres de toda época una senda de fe y esperanza fundada en Jesucristo. Hoy como entonces, el mundo no es uniforme, las circunstancias son plurales y diversas, pero el camino ha de servir a todos; o tal vez, hemos de asumir, fiándonos del Espíritu, nuestro guía, que no hay un solo camino, sino diversos que el mismo Espíritu se encargará de hacer llegar a buen puerto, siendo que el Espíritu “nos ha enseñado” que “lo indispensable” en ese camino es el hombre mismo, en quien Dios ha depositado su Espíritu.

Cuando descubramos, precisamente, que el hombre es lo importante del camino, entonces nuestro camino habrá llegado a puerto, pues “el Padre y el Hijo han venido al hombre y han hecho morada en él”. Cuando eso suceda, ya no será necesario ningún camino, ninguna religión, ningún templo,… “Santuario no vi ninguno, porque su santuario es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero”.

Fr. Ángel Romo Fraile
Convento de San Esteban (Salamanca)

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Acerca de JESÚS ANTONIO

"Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida". SAN JUAN PABLO II

Publicado el 29 abril, 2016 en El Blog de Jesús Clara, La Liturgia en la Iglesia Católica, Liturgia Dominical y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en Liturgia: VI Domingo de Pascua-Lecturas-Moniciones-Oración de los Fieles-Aportes a la Homilía..

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